26 dic 2011

Villancico turbio

Se muere el niño en su cuna de hielo,
sobre lomos de piedra gime el cielo vacío.
Estalactitas blancas el vaho de las bestias.
Pesebre árido, claveteado de escarcha.

A la cripta cerrada acuden los pastores
cargando al cuello rígidos cadáveres
para ofrecer al muerto. El más joven defeca
a la puerta sembrando el humo que será.

Caravana de reyes atrapados en oro
y perfumes carísimos vociferan sus loas
al niño que no nace porque no tiene madre.
Una virgen soñó esas pachangas muertas.

En el valle esta noche roe la multitud
junto a la hoguera, inventándose cuentos:
una espada tiránica anunciando matanzas,
cruz de huesos alzada en mitad del Oriente.

Está el niño en su tumba toda la noche en vela.
Cuerpo rosa de mármol incrustado en la roca,
para siempre engarzado en la bóveda negra.
Una única estrella ha de soñar el mundo.

6 nov 2011

Día de las almas/ Jardins de Mossèn Cinto

Bonica és la rosa,
més ho és el ram,
més ho és el lliri
que floreix tot l’any.
                                                              
                                                               Jacint Verdaguer


Por el parque de los nenúfares al atardecer
caminamos solitarios
entre párpados cerrados como flores
meciéndose en el agua.

Los álamos a la luz que declina
respiran. Silenciosas
se deslizan las cabinas del teleférico
vacías sobre la ciudad.

A los pies de la colina el cemento
cristaliza junto al mar.
Bajo las ramas nos sentamos a imaginar
la danza del insecto y el cráneo.

Duermen los bulbos masticando la tierra
con rumor de gusano.
El recuerdo es un pétalo de papel amarillo
que transparenta el ayer.

Acaricia la brisa los dedos descarnados,
difumina las nubes que palidecen
flotando hacia el poniente,
borrando las estatuas.

Huyen los pájaros hacia el horizonte,
adonde reposan,
y las gargantas intercambian enigmas,
debacles de insectos.

Mira el lirio que siempre florece:
ha olvidado las rosas.
Mientras el año se deshace en tinieblas,
ese cáliz ilumina la noche. 

24 oct 2011

Variaciones

Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

Romance Sonámbulo,
Federico García Lorca

1.

Por los márgenes del tiempo
se me derrumba la casa,

mi habitación en el cielo
vuela ya, desmenuzada.

Las ventanas, una ruina
astillada por el viento.

Los dientes, la puerta rota
donde se rasgan los verbos.

Saltan muebles en pedazos,
flotan jirones de sábanas,

huesos y polvo en el aire
bailando la madrugada

por los márgenes del tiempo
que mañana será nada.

2.

Que mañana será nada
con el cuello transparente.

Que mañana será nada
donde no hay ecos ni gente.

Mi casa rota, mi casa
que no recuerda mi voz.

Por los márgenes del tiempo
mi vida se resbaló.

Se me derrumbó la casa.
La historia no se escribió.

Viento frío por el cráneo,
y la bóveda y lo blanco.

3.

Con la lengua bifurcada
ir cavando por la tierra.

El cielo lo parte el rayo
y mi cráneo la tormenta.

Cae el tiempo por el margen
de una página vacía.

En el centro sólo ausencia,
el fantasma de mi casa.

Mi habitación se hizo añicos
bajo el peso de la historia.

Mis ventanas se quebraron,
rodaron piedras y dientes

que mañana serán nada,
ponientes y madrugada.

2 oct 2011

La grieta

La lámpara se apaga liberando los sueños
sólo rozar el cráneo la almohada.

La superficie es fina, un cristal quebradizo
donde es fácil hundirse, placentero y terrible.

Un chispazo imprevisto sacude las sinapsis.
La corriente epiléptica revoluciona el mundo.

Un momento, una esquina, el silencio, la sombra.
Por esa grieta escapa el universo entero.

Miradas al cruzarse desatan cataclismos.
En fuego y sangre hierven los deseos de lava.

Lo que era sólo uno, nítido y rectilineo,
en un segundo eternamente es oceánico.

Unas notas delgadas, largos versos sin rima
se desbordan fluyendo en cantatas celestes.

Vuela huyendo la enferma, con los dedos persigue
la cascada de luz más allá de su cama.

Mar de septiembre

Iridiscencias, fuego,
hielo y destellos.

El pez vuela en el aire,
pájaro en el agua.

Luna nueva la tarde,
veranillo de otoño.

Las corrientes se cruzan
sobre el vientre dorado

mientras floto desnuda
entre duna y cristales.

Bajo mi piel delgada
reventará este mundo

una vez y otra vez
como uva madura.

13 ago 2011

La canción del espantapájaros


Mi nombre es tan delgado que ya ni lo oigo.
Cuando la gente me habla miro a otro lado.
Me perdí en el espejo y al volver a mi casa
mi cara era una vieja demoiselle d’Avignon.

Los años al rodar me gastaron el nombre.
Se volvió hueco igual que una ventana.
Taladraron mi cráneo persiguiendo una sombra.
Mucho antes de llegar, se habían ido.

Si alguno se enredó en mi negra pelambrera,
escapó tropezando, maldiciendo mis huesos.
Otros se despedían sin poder encontrarme
mientras yo me ocultaba a la vista de todos.

Desde entonces mi nombre no significa nada.
Ya no hay nadie detrás, tan sólo este espantajo
que recita sin cuento ni canción para nadie.
Pelele vaciado, sucio, hecho a pedazos.

Sin nombre el viento mueve mis miembros y me riza
los párpados al ritmo de los días que pasan.
Oh mecerse en la ira del viento, el vencejo, el cuchillo,
sin nombre, sin edad, sin ojos y sin manos…

19 jun 2011

Diluvio

Ríos de nubes en la madrugada
anuncian que el planeta se desborda.
Las tormentas oscuras anegarán la tierra
que a la mañana será mar.

Esta noche se hunden los ojos en sus cuencas,
bosques de algas se agitan cuerpos abajo.        
Cuando el amanecer desvele el horizonte
no quedará ninguna huella sobre la arena.

Cráneos se precipitan por ramblas devastadas,
sueñan en tromba sus pupilas los puentes.
Petróleo iridiscente, una presión insomne
culebrea a la luz fría de las farolas.

Estas rocas respiran, el vaho y el relente
lanzan lenguas de agua hacia el futuro.
Rompe la tempestad arrastrando a la luna,
el océano eléctrico restalla sus jinetes.

Ríos de nubes lentamente se alejan,
dejan atrás la tierra ausente.
Aún tienen que surgir de la faz de las aguas
el ala blanca y la rama de plata.