Se muere el niño en su cuna de hielo,
sobre lomos de piedra gime el cielo vacío.
Estalactitas blancas el vaho de las bestias.
Pesebre árido, claveteado de escarcha.
A la cripta cerrada acuden los pastores
cargando al cuello rígidos cadáveres
para ofrecer al muerto. El más joven defeca
a la puerta sembrando el humo que será.
Caravana de reyes atrapados en oro
y perfumes carísimos vociferan sus loas
al niño que no nace porque no tiene madre.
Una virgen soñó esas pachangas muertas.
En el valle esta noche roe la multitud
junto a la hoguera, inventándose cuentos:
una espada tiránica anunciando matanzas,
cruz de huesos alzada en mitad del Oriente.
Está el niño en su tumba toda la noche en vela.
Cuerpo rosa de mármol incrustado en la roca,
para siempre engarzado en la bóveda negra.
Una única estrella ha de soñar el mundo.
Una única estrella ha de soñar el mundo.