La lámpara se apaga liberando los sueños
sólo rozar el cráneo la almohada.
La superficie es fina, un cristal quebradizo
donde es fácil hundirse, placentero y terrible.
Un chispazo imprevisto sacude las sinapsis.
La corriente epiléptica revoluciona el mundo.
Un momento, una esquina, el silencio, la sombra.
Por esa grieta escapa el universo entero.
Miradas al cruzarse desatan cataclismos.
En fuego y sangre hierven los deseos de lava.
Lo que era sólo uno, nítido y rectilineo,
en un segundo eternamente es oceánico.
Unas notas delgadas, largos versos sin rima
se desbordan fluyendo en cantatas celestes.
Vuela huyendo la enferma, con los dedos persigue
la cascada de luz más allá de su cama.